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En entradas anteriores habíamos tratado de ciertas bibliotecas privadas de ostentación y de sus propietarios. Ahora le llega el turno a las bibliotecas públicas romanas y a sus empleados -igualmente públicos, que no privados-, gracias a fuentes históricas y sobre todo epigráficas.

Las bibliotecas públicas romanas

Las grandes bibliotecas de Roma fueron concebidas para la selección y conservación de la memoria histórica de Roma, así como la de cierta literatura, estando sus colecciones excluidas por lo general al préstamo domiciliario. Éstas estaban integradas por volumina (rollos de papiro), guardados en diversos tipos de contenedores -recipientes cerámicos, cestos de cuero, cofres de madera- y dispuestos en las estanterías de los nidi (nichos) abiertos en las paredes. Hacia los siglos III-IV d.C. el rollo fue siendo sustituido por el codex de pergamino, generalizándose entonces el uso de los armaria, muebles óptimos para guardar ambos soportes librarios.

Biblioteca Ulpia en el Foro de Trajano (Ilustración de James E. Packer)

Estas grandes bibliotecas públicas fueron en teoría creadas para disfrute de cualquier ciudadano, pero en realidad eran frecuentadas por una restringida comunidad de doctos y literatos, deseosos de acceder a obras antiguas o raras, cotejar textos o usarlas como un mero espacio de sociabilidad. Por lo demás, los usuarios habituales de estas bibliotecas públicas poseían sus propias colecciones privadas.

Antes del Principado sólo había bibliotecas privadas. Sus propietarios -como el orador Marco Tulio Cicerón y su amigo el bibliopola Tito Pomponio Ático- permitían a sus clientes y amistades utilizarlas como un privilegio adicional. Con el tiempo estos aristócratas comenzaron a considerar la posibilidad de crear una biblioteca pública para las clases populares (Fielden, 2001).

El poderoso Gaio Julio César mostró gran interés en crear una biblioteca abierta a la ciudadanía de Roma, encomendándole su consecución a un ex-partidario de Pompeyo, el pretor y literato Marco Terencio Varrón. Sin embargo, el asesinato del dictator (44 a.C.) -y la consiguiente segunda caída en desgracia de Varrón- dieron al traste con el proyecto. (Fernández, P y Rodríguez, J.A., 2006, p. 968).

Será finalmente el senador y literato Gaio Asinio Polión quien construya la primera biblioteca pública en el Atrium Libertatis -el edificio donde los censores custodiaban las tabellae con los listados de esclavos manumitidos-, al unir varias colecciones de notables romanos -como las del citado Varrón y el dictator Lucio Cornelio Sulla- y merced al botín obtenido en las Guerras Ilíricas (39 a.C.). La decoración de la misma con esculturas de escritores de renombre y la división en dos secciones -latina y griega- en sendos edificios gemelos o afrontados, se repetirá en las bibliotecas erigidas después por los emperadores y otros personajes poderosos, gracias a la práctica conocida con el nombre de “evergetismo” -el patrocinio de obra pública y espectáculos, así como la donación privada de edificios y espacios para disfrute público-.

En Roma hay documentadas las siguientes bibliotecas públicas:

- Bibliotheca in Atrio Libertatis

- Bibliotheca Templi Apollinis

- Bibliotheca Porticus Octaviae

- Bibliotheca Templi Augusti

- Bibliotheca Domus Tiberianae

- Bibliotheca in Templo Pacis

- Bibliotheca in Foro Traiano

- Bibliotheca in Capitolio

- Bibliotheca in Templo Aesculapii

También está documentada la existencia de ciertas bibliotecas menores anexas a las grandes termas, las cuales poseerían un fondo más modesto, destinado al mero entretenimiento de sus usuarios entre baño y baño. Fuera de Roma fueron conocidos también abundantes donantes de colecciones y bibliotecas, como la de Timgad -cuyo edificio fue en parte patrocinado por Flavio Rogatiano (AE 1908, 00012)-, la biblioteca del templo de Asclepio en Pérgamo -donada por Flavia Melitina, otra generosa dama local-, la Biblioteca de Adriano en Atenas, o la Biblioteca de Celso en Éfeso -cuyas magnificas fachada y exedra aún se conservan-.

Los bibliotecarios romanos

Los trabajadores de las bibliotecas públicas solían ser esclavos públicos (servi publici) y en menor medida, libertos imperiales (Augusti liberti) especializados. “Estos esclavos y libertos del emperador -la llamada familia Caesaris- pasaban por todos los escalafones, desde auxiliar inferior en el más nimio de los departamentos, hasta máximo director; constituían en efecto, una especie de funcionariado” (Casson, 2003 p. 100). A partir de Vespasiano la más alta dirección de las bibliotecas quedó reservada a los ciudadanos libres del orden ecuestre (ordo equester), quienes la ejercíeron como un cargo más en su carrera de procuratelas.

Examinando las inscripciones honoríficas y funerarias que nos han llegado, podemos distinguir varias categorías diferentes de trabajadores -procuratores bibliothecae, a bibliothecis, vilici, librarii- y tan sólo intentar esbozar sus posibles funciones.

Los “procurator bibliothecae. El emperador Tiberio fue quien dió carácter oficial a quienes ya se ocupaban de hecho de dirigir las bibliotecas, de revisar el presupuesto, de supervisar el personal y controlar las adquisiciones -ya fuera buscando títulos para su copia, comprando manuscritos a los bibliopola de la urbe o efectuando expurgos, ora políticos, ora técnicos-. Las fuentes también les denominaron “magister a bibliotheca” o “bibliothecarius” -como el “Tiberianus bibliothecariusde la Carta de Marco Aurelio a Fronto (Boyd, 1915, p.14)-.

Uno de los procuradores más longevo en su desempeño fue Tiberio Iulio Papo, servidor primero de la domus imperial y más tarde liberto imperial, que desempeñó su cargo de forma sucesiva bajo los emperadores Tiberio, Calígula y Claudio -comes Ti(berii) Caesaris Aug(usti), idemq(ue) / supr(a) bybliothecas omnes Augustorum-. Éste habría sido sucedido por un liberto de Claudio, Tiberio Claudio Scirto, que pasa por ser el primero en haber ostentado oficialmente el cargo de pro(curator) bybl(iothecarum) (CIL IX, 1739) (Houston, 2008, p. 139-146 y Houston, 2002, p. 139-176). El mismísimo Gaio Suetonio Tranquilo, autor de De vita caesarum (Las vidas de los doce césares)  fue procurator a studiis, a bibliothecis y ab epistulis del emperador Adriano (AE 1953, 73).

Traemos a colación una inscripción honorífica procedente de Colonia Ostia -la ciudad portuaria de la antigua Roma- y dedicada por sus munícipes a un procurator bibliothecarum bajo Adriano: Lucio Volusio Meciano (CIL XIV, 5347/8). Perteneciente al rango ecuestre, podemos seguir todas las procuratelas de su cursus honorum dispuestas de mayor a menor importancia. Sabemos por otras inscripciones honoríficas de Ostia que Meciano alcanzó el ordo senatorial mediante adlectio inter praetorios, llegando a ser prefecto del tesoro de Saturno y cónsul designado (Cebaillac, Caldelli, Zevi, 2010, p. 227)-

Inscripción honorífica a Lucio Volusio Meciano (Ostia). (Foto: CIL)

L(ucio) Volusio L(ucii) f(ilio) / Maeciano / Praefecto Aegypti / Praef(ecto) Annonae. Pontif(ici) M(inori) / A Libellis et Censibus imp(eratori) Antonini Aug(usti) Pii. A Studiis et / Proc(uratori) Bibliothecarum. Praef(ecto) Vehiculorum. A Libellis / Antonini Aug(usti) Pii. Sub Divo / Hadriano / Adiutori O(perum) P(ublicum). Praef(ecto) Cohortis I Aeliae / Classicae. Praefecto Fabrum / Patrono coloniae / Decurionum / Decreto Publice

A Lucio Volusio Meciano, hijo de Lucio, Prefecto de Egipto, Prefecto del Suministro del Grano, Pontífice Menor, Procurador de los Libelos y Censos del emperador Antonino Pío, Procurador Jurisconsulto, Procurador de las Bibliotecas, Procurador del Servicio de Postas, Procurador de los Libelos de Antonino Pío, Supervisor de las obras públicas del Divino Adriano, Prefecto de la Cohorte I Aelia Clásica y Prefecto de Ingenieros Militares

Patrono de la Colonia

Dedicado por decreto público de los Decuriones

Al servicio de los procuratores estaban los catalogados simplemente como “a bibliotheca”, el personal adscrito a una sección de la biblioteca -latina o griega-. Estos trabajadores -en su mayoría copistas- se encargarían de la copia manuscrita de volúmenes, de la ordenación en las estanterías, de confeccionar etiquetas de títulos, de restaurar los rollos deteriorados y redactar inventarios o catálogos. Transcribimos a continuación una inscripción funeraria procedente de la Vía Appia, dedicada por dos de ellos a su madre fallecida (CIL VI, 5189)

IVLIA · ACCA

MATER

CALLISTHNIS · TI · CAESAR

AVG · A · BYBLIOTHECE

LATINA · APOLLINIS

ET DIOPITHIS · F · EIVS · A · BIBLIOT

LATINA · APOLLINIS

VIX · AN · XLVIII

Iulia Acca / mater / Callisthnis (sic) Ti(beri) Caesar(is) / Aug(usti) a bybliothece / Latina Apollinis, / et Diopithis f(ili) eius a bybliot(thece) / Latina Apollinis / vix(it) an(nos) XLVIII.

A Iulia Acca, madre, que vivió 48 años. Se la dedican sus hijos Calístenes, [¿siervo?] del emperador Tiberio César Augusto, y Diópices, destinados a la Biblioteca Latina [del Templo de] Apolo.

Por debajo aún de éstos, los siervos públicos “vilici” se encargarían ya de las labores subalternas y del mantenimiento del edificio. Transcribimos la correspondiente inscripción funeraria (CIL VI, 4435) de la misma Vía Appia.

MONTANVS

IVLIANVS · VILIC

A · BYBLIOTHECA

OCTAVIAE · LATIN

Montanus / Iulianvs vilic(us) / a bybliotheca / Octaviae Latin(a)

Montano Juliano, vilicus de la Biblioteca Latina [del Pórtico de] Octavia.

En otras inscripciones aparece frecuentemente el término “librarius” para designar a un funcionario bien formado que llevaría a cabo tareas menores como secretario, copista, transcriptor, librero y hasta funciones sacerdotales (Boyd, 1915, p. 47).  Como es menester, transcribimos con más detenimiento una estela funeraria del Columbario de los Estatilios -cercano a la Porta Maggiore de Roma- y dedicada al difunto Noto, librarius a manu, por su esposa (CIL VI, 6314)

Estela funeraria de Noto. Columbario de los Estatilios (Roma). (Foto: Jastrow)

Nothi, librari a manu. / Non optata tibi coniunx monimenta locavit / Ultima, in aeternis sedibus ut maneant / Spe frustra gavisa. Nothi quem prima ferentem / Aetatis Pluton invidus eripuit. / Hunc etiam flevit quae qualis turba et honorem / Supremum digne funeris imposuit.

A Noto, amanuense.

Tu mujer no querría haber tenido que erigirte un monumento para el descanso eterno de tus restos.

En vano te espera ya, Noto, pues el celoso Plutón te lleva antes de tiempo.

Todos te lloramos y te dimos dignos funerales.

Taller de un epigrafista junto a una vía romana (Ilustración de Otto Schwalge)

También hubo librarii en las filas de las legiones. Estos librarii legionis percibirían tan sólo el salario básico pero, como técnicos y escribientes, estarían exentos (inmunes) de las tareas pesadas y sucias de los soldados rasos. Para hacernos una idea, han llegado hasta nosotros las cartas que -en griego nativo- enviaba el librarius legionis Gaio Iulio Apolinar a sus padres, en su Egipto natal. En ellas se queja de los trabajos penosos que se veía obligado a realizar, hasta que finalmente logra un destino de oficinas: “Ahora puedo quedarme por ahí sin hacer nada, mientras otros pican piedra todo el día como esclavos, para construir calzadas” (Connolly, 1989, p. 14) (Fields, 2009, p. 38). Pasamos a transcribir a continuación una estela funeraria hallada en Bácsa (Hungría) y perteneciente a Aurelio Saturnión, librario equiti Alae [I Ulpiae] Contariorum -escribiente de un Ala de caballería pesada destacada en Pannonia bajo Trajano- y erigida por su compañero Lucilio Vindex, también librarius de su misma Ala (CIL III, 13441).

Estela de Aurelio Saturnión. (Bácsa, Hungría). (Foto: O. Harl)

D(is) M(anibus) / Aur(elio) Saturnioni / libr(ario) eq(uiti) alae / cont(ariorum) stip(endiorum) XV / an(norum) XXXV domo / Sisciae / Luc(ilius?) / Vindex libr(arius) / alae ei{i}usdem / cives et heres f(ecit)

A los Dioses Manes de Aurelio Saturnión, escribiente del Ala [I Ulpia] de caballería pesada, que sirvió 15 años y falleció a los 35, originario de Siscia. Lucilio Vindex, escribiente de la misma Ala de ciudadanos, y su heredero, se la erigió.

Para hacernos una idea del aspecto que tendrían estos librarii contamos con algunos notables ejemplos. En un relieve funerario hallado en Municipium Claudium Virunum (Zollfeld, Austria) tenemos la oportuna representación de un librarius. Vestido con túnica de manga larga y manto con capucha, su pierna derecha busca apoyo encima de una capsa (caja cilíndrica de cuero para guardar los rollos de papiro). Sobre el mismo muslo derecho, a modo de escritorio improvisado, sostiene desplegado un volumen en el que escribe con ayuda de su stylo (pluma de caña). (Stundner, J.).

Photo O. Harl

Relieve funerario de un librarius (Virunum, Zollfeld, Austria). (Foto: O. Harl)

Estos escribientes también tomaban sus notas sobre pequeñas y manejables tablillas enceradas con la ayuda de un punzón -afilado por un extremo para anotar, y aplanado por el otro para borrar y alisar la cera de cara a futuras incisiones-, como vemos en este otro relieve funerario hallado en Flavia Solva (Austria)

Relieve funerario de un escribiente (Flavia Solvia)Relieve funerario de escribiente con tabellae ceratae (Flavia Solva, Austria). (Foto: Hermann A.M. Mucke)

Como hemos visto a lo largo de este estudio, los testimonios de las fuentes históricas, las inscripciones epigráficas (votivas y funerarias) y las representaciones relivarias de las tumbas romanas, nos aportan valiosa información sobre cómo discurría la vida de nuestros antecesores en la profesión. A modo de conclusión, y para confirmar que la perpetuación de la memoria de los bibliotecarios aún persiste, adjunto a continuación otros ejemplos algo más cercanos a nuestro tiempo:

- La sepultura barroca del fraile Joaquín Navarro, bibliotecario de los caballeros hospitalarios, en la concatedral de San Juan de Jerusalén (La Valeta, Malta).

- La estela “a la vikinga” del escritor -y director de la Biblioteca Nacional de Argentina- Jorge Luis Borges, en el cementerio de Plainpalais (Ginebra, Suiza), con la inscripción en sajón “And ne forhtedon na” (Y que no temieran).

- Y, por último, la curiosa tumba de Thomas Mann -no confundir con el escritor homónimo-, un bibliotecario norteamericano muy escrupuloso con las normas de catalogación.

Manuel Pérez Rodríguez-Aragón “A Bibliotheca Digitalis Hispanica”

Bibliografía

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