Pequeña miscelánea de cómic erótico

Hablar de los orígenes del cómic erótico nos lleva a mencionar a la chica picante del liguero: Betty Boop (1934, M. Fleischer, USA) , inspirada en la popular actriz coetánea Helen Kane. Pero también a una línea más explícita que bebe de la influencia de las pin-ups norteamericanas de los años 40 y 50 y de la estética bizarre bondage.

Sin embargo, la que cabría calificar como “Edad Dorada” del cómic erótico toma carta de naturaleza con el reinado de las “ellas” de los años 60, de la mano de heroínas pop-art encabezadas por la sensual Barbarella (1962, Jean Claude Forest, Francia). La frescura de Barbarella debió de suponer toda una revolución cuando la tónica reinante la marcaban revistas políticamente correctas como Spirou o Tintín.

Tal fue el éxito alcanzado por el “suave” erotismo de la cosmonauta de papel, que pronto surgió una adaptación al cine (1968) , dirigida por Roger Vadim y protagonizada por Jane Fonda, enfundada en los futuristas trajes plásticos de Paco Rabanne. Barbarella es la pionera que da la pauta a imitar, de forma que rápidamente le surgen “replicantes” como la italiana Uranella (1966, Pier Carpi y Fiorano Bozzi) y la norteamericana Vampirella (1969) , esta última mezclando los universos futuristas y de terror, cuando en España comenzaban a despuntar revistas de cómic de esta temática, como Creepy y 1984.

En esta línea pop de las “ellas” cabe igualmente encuadrar a la Valentina (1965) del recientemente desaparecido Guido Crepax . Inspirada en el físico de la actriz Louise Brooks, Valentina es fotógrafa profesional, “ejemplo de la mujer independiente, libre y sin tabúes”, capaz de cambiar y envejecer con el paso del tiempo -algo no muy común, y menos aún para una heroína de cómic-.

Eminentemente sixtie, con su cabello cortado a capas y flequillo tirado a línea, Valentina viste sofisticados trajes, vive lisérgicas aventuras y causa sensación en los hombres que la tratan. El estilo de Crepax es muy innovador ya que, además de un gran realismo, logra unos diseños de página semejantes a los primeros planos cinematográficos, lejos de los estereotipos de la viñeta convencional. Este autor italiano dibujará otros personajes femeninos (Bianca, Belinda, Anita..) pero son destacables, por su marcado tinte erótico, Emmanuelle (1978), Justine de Sade o su interpretación de La Historia de O de Pauline Réage.

El italiano Milo Manara, que se formó como ayudante de un escultor, pasa por ser el representante indiscutible del cómic erótico con mayúsculas, con obras cumbre como El perfume del invisible (1986) y El Click (1983) , o cómo un aparato eléctrico es capaz de despertar la libido a placer. Manara también es autor de títulos más historicistas y documentados, como Verano Indio, realizado a medias con su compatriota Hugo Pratt, que narra la difícil convivencia de los puritanos colonos holandeses con las tribus indias en la Norteamérica del XVII, en un ambiente que nos recuerda el de La letra escarlata y Las brujas de Salem.

Ya al otro lado del Atlántico, Robert Crumb (USA) Mis problemas con las mujeres (1975) o Si yo fuera rey, es el buque insignia de los autores underground norteamericanos. En su estilo abusa del rayado para sombrear y narra historias con abundantes tintes autobiográficos. Sólo dos ejemplos: por un lado, su obsesión por los traseros femeninos y por otro, la manía de retratar a su propia familia.

De regreso a nuestro país no podemos dejar de lado al catalán Jordi Bernet , maestro del estilo realista, mundialmente conocido por su mafioso ítaloamericano Torpedo, digno del mejor Padrino de Coppola. Pero es su Clara de Noche, quien aparece una vez por semana en las páginas de la revista El Jueves. En esta misma revista también despuntó Mamen (Mariel Soria) , personaje que encarna a la “progre” liberada de fines de los 70.

En la actualidad, la diferencia entre cómic erótico y pornográfico se ha vuelto más difusa que nunca. Esta distinción artificial “que carece de base científica”, discrimina tradicionalmente entre el erotismo, “la simulación o tendencia a censurar la visión de la propia actividad sexual” (A.J. Navarro) y la pornografía, que no sugiere, sino que muestra el acto sexual sin andarse por las ramas. Todo ello lo podemos corroborar de la mano de autores “alternativos” como Miguel Ángel Martín-, que colaboraban habitualmente en la revista El Víbora (Ed. La Cúpula) y cuya escisión “de línea explícita” queda representada por la revista Kiss Comix .

Por otra parte, la visión femenina del cómic erótico es aportada por grafistas norteamericanas de calidad como Roberta Gregory, Carol Lay, Julie Doucet , Debbie Dreschler y Jessica Abel, y ya entre las españolas, por Laura, con sus Habitaciones desmanteladas y María Colino con su Heptamerón, cuyos trazos rozan lo expresionista.

De igual modo no podemos dejar de nombrar en este artículo a autores de temática gay como el español Nazario con su Anarcoma (1985) y el alemán Ralf König , autor entre otros de El condón asesino y cronista excepcional de la escena gay –completamente normalizada- de Colonia (Alemania).

Por último hablar de las diversas clases de cómic erótico japonés –ero-gegika– o directamente porno –hentai-, con el leit motiv de las ingenuas lolitas con uniforme escolar. Un dato curioso es el de la censura estatal en la representación detallada de los órganos sexuales a la que se enfrentan los grafistas japoneses. ¿Cómo? Mediante socorridas “manchas de aceite” estratégicas. Estos cómics están “…ambientados en colegios, en el mundo laboral o en otros aspectos de la vida cotidiana -como los transportes públicos o la consulta médica- y no rehuyen ningún aspecto posible de la sexualidad” (Berndt, J.).
Manuel Pérez Rodríguez

Fuentes:
BRENDT, Jaqueline. El fenómeno manga. Martínez Roca ed., Barcelona, 1996.
GAUMER, P. y Moliterni, C. Diccionario del cómic. Larousse-Planeta ed., Barcelona, 1996.
NAVARRO, Antonio José (ed. lit.) La nueva carne, una estética perversa del cuerpo. Valdemar ed., Serie Intempestiva, Madrid, 2002
PALMER, Óscar. Cómic Alternativo de los’90: La herencia del Underground. La Factoría de Ideas ed. Colección Solaris Etecé nº 3, Madrid, 2000.

Originalmente publicado en el Blog de la BNE

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