El diablo está en los detalles… digitales

 “Celebrando missa el mismo San Martín, ayudáuale Bricio, que era de pequeña edad, y después fue obispo y santo. Este vido al Demonio en contrario del altar que estaua escriuiendo todo lo que allí passaua y contradecía a aquel lugar sagrado, como palabras ociosas, risas desordenadas, y impedir el oficio divino. Escriuíalo en vna piel de carnero, y por auer mucho que escriuir y acabársele la piel, estirola con los dientes, y rompiéndose, diose en la pared vna mala calabaçada, en aquel cuerpo hecho del ayre  en que se mostraua, de lo qual Bricio se riyó mucho […]”

Alonso de Villegas, Fructus Sanctorum, Discurso 69, nº 12 BNE U/2378 h. 20v.

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[El Emperador Maximiliano I en misa] [Detalle] BNE Invent/42809
¿Quién es Titivillus? Es el demonio notario de la distracción, quien hace acopio de los errores cometidos, ya sea por los clérigos al entonar los cantos, rezos y salmos, ya sea por los feligreses que chismorrean “ociosa verba” en misa, en lugar de recitar con entrega el oficio divino. A través de los sermonarios medievales sabemos que este diablo toma buena nota en su pergamino de todas las sílabas y palabras omitidas, pues son palabras sustraídas a Dios, y pueden aducirse como prueba contra los difuntos el día del Juicio Final. Titivillus también es citado como el diablillo que distrae de la liturgia de las Horas canónicas a religiosos y seglares. Por último, y por una tradición ya más bien decimonónica, es también quien provoca las múltiples erratas de los copistas e impresores.

Titivillus, Tutivillus, Titivillo, Titellino… ¿Cuál es el origen de su nombre? La etimología de la palabra no está clara, pero todos los estudiosos suelen concluir que su origen se hallaría en la Casina de Plauto: “En efecto, el dramaturgo romano Plauto, conocido en la Edad Media en ambientes escolares, utiliza la voz “titivillicium”, con el sentido de menudencia o cosa de poca importancia, en un diálogo de su Casina”, 2, 5 39 (Jennings, 1977, pp. 36, Montañés, 2015, pp. 13).

Non  ergo istuc verbum emissim  titivillitio

Nam omnes mortales Diis sunt freti: sed tamen

Vidi ego Deis fretos saepe multos decipi.

“Esas palabras no tienen para mí ni el valor de una perra,

Porque los hombres se confían por lo general a los dioses, y con todo,

He visto yo muchas veces a muchos que confiaban en ellos y se han visto defraudados”.

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Comoediae. Tito Maccio Plauto. BNE Mss/10030 Casina fol. 90r

Está claro que Titivillus es un diablo que escribe, y la escritura significa poder en la Edad Media. Los religiosos Jacques de Vitry y Johannes Wallensis configuran ya en el siglo XIII los papeles que desempeña Titivillus. Sabemos que el exemplo nº 239 de Jacques de Vitry fue conocido en España, pues se conserva en una traducción del catalán del Alphabetum narrationum de Arnoldo de Lieja, el Recull de Eximplis (S. XV), en donde aparece con el nombre de Titellino. El mismo diablo es evocado también, pero sin nombrarlo, en el Libre de los ejemplos por ABC, compilado por Clemente Sánchez de Vercial (exemplo nº 382).  También el Espéculo de los legos, en el exemplo nº 180, recoge la historia del trompazo que se da el diablillo al estirar su pergamino pecaminoso, lo cual provoca la carcajada de San Bricio durante la Misa de San Martín. Este mismo exemplo vuelve a ser recogido nuevamente en el Fructus Sanctorum de Alonso de Villegas (Discurso 69, nº 12). (Montañés, pp. 71-72).

Como vemos,  los papeles desempeñados por Titivillus son, como sus nombres, muy variados. Siguiendo a Montañés, los enumeramos a continuación:

Notario de chismosos. En los Exempla de Jacques de Vitry el diablo replica: “Scribo ociosa verba que dicuntur in hac ecclesia”. Ya en el  Evangelio de Mateo (12,36) está escrito: “Mas yo os digo, que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del Juicio”.  La corriente misógina medieval se evidencia aquí en el tópico inglés “warning against idle gossip”, que en la Europa del Norte se plasma en las sillerías de coro, en la escena de dos mujeres incitadas al chismorreo por el demonio, dando de lado los rezos y la misa.

Notario de clérigos despistados. Dice Johannes Wallensis en su Tractatus de Penitentia: “Fragmina verborum Titivillus colligit horum quibus die mille vicibus se sarcinat ille”. Es decir, “Titivillus recoge los fragmentos de estas palabras llenando su saco mil veces al día”. Es una advertencia contra aquellos religiosos perezosos y despistados que abrevian las misas, o las recitan con errores y omisiones, de lo que habrán de dar cuenta al final de sus días. -Algo que me trae a la memoria aquel final del romance viejo de La Misa del amor, interpretado entre otros por el genial Amancio Prada-.

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Javier de Izaro “El Misterio y la magia de los tréboles de San Juan”. Folletones El SOl. 26 de Junio 1932, p. 2.

[…] El que cantaba en el coro,

en el credo se perdió,

el abad que dice misa,

ha trocado la lición,

monacillos que le ayudan,

no aciertan a responder, non,

por decir amén, amén,

decían amor, amor.

 Recolector de pecados. En época románica los demonios comienzan a aparecer en las portadas y coros de las iglesias haciendo acopio de los “peccata populi”, de todos los pecados de la humanidad.

Confundidor de amanuenses. En la documentación medieval no un hay testimonio claro de esta función, hay que esperar a que Anatole France se la atribuya en su Vie de Jean D´Arc (1908). Siguiendo esta idea, a Titivillus se le ha querido ver en el diablillo doblegado que acompaña a  San Bernardo de Menthon, patrón de los montañeros. A ambos personajes se les puede contemplar en un medallón de las Horas de Luis de Saboya BNF MS Latin 9473 Fol. 10 v. y de manera más elocuente, en una viñeta de las Horas al uso de Roma de la Biblioteca Municipal de Tours BM  Ms 2104, fol. 149, en donde vemos al Santo escribiente con el diablillo al acecho.

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Horas al uso de Roma, Biblioteca Municipal de Tours BM MS 2104, fol. 149 (BVMM. IHRT-CNRS)

Illumina oculos meos ne umquam obdormiam in norte, nequando dicat inimicus meus: prevalui adversus eum. In manus tuas Domine com[mendo spiritum meum].

“Ilumina mis ojos para que nunca me duerma y muera,  no sea que mi enemigo diga: He podido con él. En tus manos, Señor, enco[miendo mi espíritu]”.

En este mismo sentido, otro jugoso tema iconográfico es aquél de San Juan Evangelista en la isla de Patmos, ya introducido y comentado de manera rigurosa por Javier Docampo en sendas entrada y conferencia.

“Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis,1, 9).

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Horas de Leonor de la Vega BNE Vitr/24/2, fol. 45v [Detalle]
El diablo importuna el retiro del apóstol hurtándole tinta y tintero para que no continúe escribiendo la revelación apocalíptica.  Podemos contemplar esta escena en los lienzos de Dieric Bouts, Museum Boijmans Van Beuningen, y de El Bosco,  Staatliche Museen zu Berlin, Gemäldegalerie. También es un lugar común en los libros de Horas, como en las Horas de María de Borgoña ONB Cod. 1857, fol. 27r, en las Horas de Luis de Saboya BNF MS Latin 9473, fol. 190r., en las Horas de Bedford BL Add Ms 18850 fol. 19r, en las Horas de Juana la Loca BL Add MS 35313 fol. 10v., en las Horas de Simon de Varie J.P. Getty  Ms. 7, en las Horas Spinola J.P. Getty Ms. Ludwig IX 18, fol. 83v, en el BL Royal 20 B II, fol. 27, en varios ejemplares de La Haya KB 73 J 55, fol. 27r, KB 76 G 5, fol. 13r, KB 76 G 11, fol. 13r , y por último, en nuestras excepcionales Horas de Leonor de la Vega BNE Vitr/24/2, fol. 45v.

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Un cajista de imprenta. Quijote y Sancho visitan la imprenta de Sancha. L. Paret BNE Dib/15/54/13

Demonio de los impresores. Como evolución lógica de las erratas de los amanuenses, las de los cajistas de la imprenta. No en vano, en el ámbito anglosajón, a los aprendices del oficio se les llamaba printers devils. El mismísimo Ambrose Bierce, con su celebrado Devil´s dictionary (1911), ejerció de diabólico aprendiz. Incluso un episodio de la serie televisiva Twilight Zone se hace eco de lo cara que sale una página sin erratas.

En el teatro, bien como heraldo infernal, tocando cuernos y trompas en el Juicio Final, y suplantando para ello a los ángeles -acaso evolución del sátiro clásico-, o bien, sobre todo en el teatro medieval inglés, atareado en anotar pecados en su pergamino.

¿Y qué decir de Titivillus en el arte? Ciñéndonos al marco de la Península, se le ha querido ver en la imagen románica del diablo escribiendo en una arquivolta de la portada meridional de la iglesia de Sª Mª del Camino de Carrión de los Condes. Asimismo, en ciertas sillerías tardogóticas y del primer renacimiento, como las de la Catedral Nueva de Plasencia, o la de la Catedral de S. Domingo de la Calzada. Otra visión iconográfica es aquélla en la que el diablo carga un hato de libros a su espalda, como el pintado en la Virgen de la Misericordia con los Reyes Católicos y su familia, del Monasterio de las Huelgas (ca. 1486) pero… ¿Cuál es la naturaleza de esos pesados libros?… Las interpretaciones son de nuevo múltiples: Acaso contienen los pecados de los protegidos bajo el manto de la Virgen (Montañés), o bien son Talmudes y Biblias hebreas, que encierran una imagen antijudía (Hernando Garrido), o quizá es Baalberith, el diablo bibliotecario y conservador en jefe de los archivos infernales (Aragonés Estella). (Montañés, p. 70).

¿Qué queda de Titivillus hoy en día? Aun con todo se le rinde homenaje en alguna publicación sobre libro antiguo, o se le impreca cada vez que hay erratas de edición. A mí se me antoja verlo cada vez que olvido guardar la versión definitiva en un procesador de textos, cuando yerro en un encabezamiento, o cuando esa obra que tengo que subir a la biblioteca digital no carga ni a tiros: ¿No habré validado ese xml?, ¿No estará subida ya esa obra en BDH? Y qué decir del texto predictivo o del corrector ortográfico automático del móvil, que te la juegan sistemáticamente con los mensajes instantáneos. Hay quien dice incluso que lo ha visto digitalizado en algún cachito retro (min 2:12) de cierto archivo audiovisual.

Manuel Pérez Rodríguez

Originalmente para el Blog de la BNE

Bibliografía

ARAGONÉS, Esperanza. “Visiones de tres diablos medievales”, en De Arte 5, pp. 15–27.

JENNINGS, Margaret. “Tutivillus: The literary career of the recording demon” en: Studies in Philology, Volume LXXIV, December 1977, nº 5.

HERNANDO, José Luis. “Satanás con los libros a cuestas en la Virgen de la Misericordia de Las Huelgas de Burgos ¿una imagen antisemita en tiempo de la expulsión?” en Imágenes y promotores en el arte medieval: miscelánea en homenaje a Joaquín Yarza Luaces, 2001, ISBN 84-490-2251-7, págs. 441-455.

MONTAÑÉS, Julio G. Tutivillus. El demonio de las erratas. Turpin editores, colección en 8vo, nº 11, 2015.

MONTAÑÉS, Julio G. Tutivillus. El demonio notario [En línea] <http://tutivillus.teatroengalicia.es/intro.htm>

YARZA, Joaquín, “El diablo en las miniaturas hispanas medievales”, en El diablo en el monasterio. VII Seminario sobre Historia del Monacato. Fundación Santa María la Real. Centro de Estudios del Románico, 1996.

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Pie de página (Footnote). Una película de Joseph Cedar

Pie de página  (Footnote). Una película de Joseph Cedar

Un padre y su hijo rivalizan en la investigación de las variantes manuscritas del Talmud. Pronto ambos comprobarán –como dice la canción– las sorpresas que la vida te puede deparar.

La película de Joseph Cedar (2011), que ha obtenido una decena de premios de la Academia de Cine Israelí -mejor película, actor y director, entre ellos- y el premio al mejor guión del Festival de Cannes, nos permite ver el día a día de los investigadores, pegados a las ya algo demodé máquinas de microfilms, y cómo éstos, supuestamente, pueden deambular por los depósitos de la Biblioteca Nacional de Israel.

Cartel de la película Pie de página
Cartel de la película Pie de página

Vikingos y Evangelarios

Recientemente, en la serie Vikings del History Channel, hemos podido ver una recreación bastante fiel del primer asalto vikingo a un monasterio (793), concretamente el de la “Isla Sagrada” de Lindisfarne, en Northumberland (GB).

Lindisfarne viking raid -History Channel Documentary, not the series-

En la serie, los monjes norteños, que son masacrados o vendidos como esclavos, parecen tener gran interés en salvar, no tanto sus ajuares y reliquias, como un Evengelario -hoy en la British Library-. El Evangelario de Lindisfarne está siendo objeto actualmente de una exposición en la Catedral de Durham, con múltiples actividades relacionadas.

The Lindisfarne Gospels: Gospel of St Matthew the Evangelist, initial page. Lindisfarne, late 7th or early 8th century British Library Cotton MS Nero D.IV
The Lindisfarne Gospels: Gospel of St Matthew the Evangelist, initial page. Lindisfarne, late 7th or early 8th century
British Library Cotton MS Nero D.IV

Parece que este mismo ataque vikingo sobre aquel núcleo monacal sirvió de inspiración a la estupenda ficción animada The Secret of Kells (Cartoon Saloon, 2009). Ésta película narra cómo un monje iluminador, Aidan de Iona, busca refugio en la abadía irlandesa de Kells, la cual se encuentra en pleno frenesí fortificador para defenderse de nuevas incursiones vikingas. Los ojos y las manos del viejo monje recién llegado están fallando, y necesitará que el joven Brendan, sobrino del abad, se haga cargo de la finalización de un evangelario. El Gran Evangelario de Kells permanece en la Biblioteca del Trinity College de Dublin, en donde también es exhibido.

El monje Aidan enseña el oficio al joven Brendan

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Chirst enthroned. Fol 32 v. Book of Kells. Dublin Trinity College

Alfonso el Magnánimo y la divisa del libro abierto

«Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer»

Alfonso V de Aragón (1396-1458)

Alfonso V de Aragón, el rey bibliófilo

La pasión del rey Alfonso V de Aragón y I de Nápoles por los libros es de sobra conocida. Alfonso, “castellano de origen y mentalidad”, nace infante Trastámara en Medina del Campo (1396), siendo el hijo primogénito de Fernando de Antequera –regente de Castilla y futuro Fernando I de Aragón- y de Leonor de Alburquerque. En la Corte castellana de Enrique III ya supo rodearse de cortesanos poetas como Iñigo López de Mendoza, futuro marqués de Santillana. Será también en aquella Corte donde adquiera sus primeros conocimientos de latín, filosofía y poesía.

Mino da Fiesole. Alfonso V de Aragón (Museo del Louvre)

En su primer viaje a Italia, recién coronado rey (1416), se hará acompañar de hombres letrados y de armas como Pedro de Santa Fe, Jordi de Sant Jordi, Andreu Febrer y Ausias March. Su patrimonio librario se limitaba por entonces a 61 volúmenes. Sin embargo, tras la conquista de Nápoles (1443) el Magnánimo ya había conseguido reunir –primero en Gaeta, después en Nápoles– una “Biblioteca de Estado” de alrededor de 2500 volúmenes, dotada además de un presupuesto de 20 mil ducados anuales. Una colección excepcional para su tiempo, que sería acrecentada más tarde por sus sucesores en el trono napolitano (Bas Carbonell, 2008).

Iluminada durante el día por amplios ventanales,  por velas y luminarias en las horas nocturnas, la Biblioteca Real de Castel Nuovo contaba con su propio personal especializado: bibliotecarios, iluminadores, copistas y encuadernadores. A manera de ejemplo, la documentación histórica atestigua que sus bibliotecarios-conservadores Baltasar Scariglia y Tomas de Venia cobraban mensualmente 8 ducados, 1 libra y media de azúcar y 4 libras y media de velas para iluminar la sala de lectura (Alcina Franch, 2000).

Gracias a diversos inventarios y epistolarios, tenemos conocimiento de que su extraordinaria biblioteca se fue constituyendo por muy diversas vías: Por medio de compras especiales, por incautación de botines de guerra, por encargos concretos a copistas y miniaturistas, por copia directa de manuscritos –pedidos en préstamo por sus embajadores en Roma, Venecia, Florencia– o merced a regalos recibidos de manos de otros príncipes y cortesanos.

La colección libraria real reunida por Alfonso tenía un carácter mixto cristiano-pagano, ya que abarcaba por igual obras de temática religiosa (biblias, salterios y obras de teología), clásicos de la Antigüedad (César, Tito Livio, Virgilio, Séneca, Tucídides, Quintiliano, Macrobio, Flavio Josefo, Plinio, Ptolomeo, Vitruvio, Aristóteles, Platón, Ovidio, Horacio, Nepote, Suetonio, Homero, Esopo, etc.) y por supuesto, obras de humanistas coetáneos suyos (Valla, Aretino, Guarino, Pontano, Faccio, il Panormita, etc.). La herencia de la Antigüedad Clásica palpitaba en la cuidada selección de textos latinos allí reunidos –con decoraciones a menudo inspiradas en el estilo romano–,  aunque su colección más personal nunca renunciaría a la miniatura gótica flamenca –muy del gusto del monarca–. Podemos concluir pues que la Biblioteca Real tenía la doble función de servir a los “studia humanitatis” de su Corte, y de potenciar la imagen simbólica de su propietario como personaje poderoso y cultivado.

En efecto, Alfonso V crea y mantiene una Corte Humanística en Nápoles. Su esposa, María de Castilla, queda como regente en sus dominios peninsulares; él, mientras tanto, encontrará en tierras italianas los favores de otra dama: Lucrezia d`Alagno.

El Magnánimo reúne en su Corte a poetas y eruditos castellanos, aragoneses, valencianos y catalanes –como Pedro de Santa Fe, Jordi de Sant Jordi, Andreu Febrer, Ausias March y Joanot Martorell– los cuales compondrán versos en sus lenguas vernáculas.

Cancionero de Stúñiga (BNE VITR/17/7)

El Cancionero de Stúñiga (VITR/17/7) –custodiado en la BNE- recopila buena parte de la poesía lírica compuesta en dicha Corte: un total de 164 composiciones de más de 40 autores -como Lope de Estúñiga, Carvajal, Juan de Mena, y el ya citado Marqués de Santillana-. El Cancionero refleja asuntos cortesanos, con alusiones al rey Alfonso, a la reina María, a su hija ilegítima, a su amante Lucrezia y a los nobles y damas de sus veladas napolitanas. En él predomina la temática del “amor cortés” –el amor idealizado y no correspondido del caballero hacia la dama- y, en menor medida, los temas festivos, elegíacos, la sátira política y hasta la “parodia sacra”. En su frontispicio destaca la orla vegetal donde cuatro virtudes sostienen una láurea, cuyo escudo interior quedó en blanco.

Junto a aquellos hispanos, Alfonso V también se sabrá rodear de los grandes humanistas itálicos del momento: hablamos de personajes como Poggio Bracciolini, Pier Candido Decembrio, Flavio Biondo, Giannozzo Manetti, Porcellio Pandone, Enea Silvio Piccolomini, Giovanni Pontano, Lorenzo Valla –su secretario personal–, Antonio Beccadelli il Panormita –su asesor cultural y autor de su 1ª biografía: De dictis et factis Alphonsi regis Aragonum (BHUV Ms. 445)– y Bartolomeo Faccio. Éste último, en su De viris illustribus (1456), no dudará en mostrarle como un gobernante “pío, culto, firme e imparcial, síntesis perfecta de los principios cristianos y del César romano”.

En esta misma línea propagandística, Lorenzo Valla pone al servicio del rey todos sus conocimientos filológicos y no duda en denunciar como falsa la pretendida “Donación de Constantino”, a fin de ensalzar la figura del monarca aragonés frente al pujante poder papal. El mismo Valla relata en sus Recriminationes in Faccium que el rey tenía a bien que le leyeran textos antiguos, interrumpiendo la lectura para plantear cuestiones y comentarios a sus interlocutores.

Según Piccolomini, era tal su interés por adquirir conocimientos que a menudo Alfonso entraba en el Estudio y la Universidad napolitanos confundiéndose con los alumnos (Mechó González, 2010).

Como muestra de su bibliofilia, nos relata il Panormita que, la víspera anterior a entrar en combate, el rey tenía por costumbre reunir a sus oficiales y leerles textos de Séneca, Julio César y Tito Livio, libros estos que guardaba bajo su lecho: “sabemos que dormía el rey con los libros debajo de la cama y cuando despertaba al amanecer, pedía lumbre para seguir leyendo”, no en vano Alfonso llegó a afirmar que  “prefería perder un reino antes que uno de sus libros” (Bas Carbonell)

Otro ejemplo de su amor por los libros lo encontramos en una carta remitida por Alfonso V a Cosme de Médicis, en la cual le confiesa: “ningún presente honra tanto, no sólo al que lo recibe, sino también a quien lo da, como los libros que encierran sabiduría. Por ello, oh Cosme mío, te expreso mi agradecimiento de manera muy singular. No solo acrecientas mi biblioteca, sino mi dignidad y mi fama” (Rubio, 1960; López Poza, 2009).

La heráldica del rey Alfonso. Sus armas y emblemas

Las armas de Alfonso V, como Rey de Aragón, de Sicilia, de Nápoles, y Duque de Calabria, eran: preferentemente, los palos verticales de oro y gules de Aragón, solos, o bien combinados en sotuer con las águilas de Sicilia, o bien cuartelados con la suma de los palos horizontales de plata y gules de Hungría, los lises dorados sobre azur de Francia y las cruces potenzadas de Jerusalén. Esta última combinación –propia del escudo del Reino de Nápoles– es una de las predominantes en las orlas de los manuscritos humanísticos de la Biblioteca Real, junto con la versión cuartelada Aragón-Jerusalén –propia del Ducado de Calabria–.

Armas del Reino de Aragón con la cimera del “drac pennat” -emblema parlante por equivalencia entre dragón y d´Aragón-. Arriba, a la izquierda, fol. 108 del Gran Armorial de la Toison d´Or (BNF RES MS 4790). A la derecha, detalle del fol. 65 del Ms. Harley 6199 (Brritish Library).

Escudo del Reino de Nápoles, detalle del fol. 2 del Franceschi Philelphi Satyrae hecatosticae (BHUV Ms. 0398)

Hay que comentar que, en los manuscritos de su biblioteca, además de las armas de Aragón y sus combinaciones, aparecen en menor proporción otros escudos, como el de los Sforza, algunos pontificios y cardenalicios y los blasones de algunos particulares.

Como complemento a sus armas, el Magnánimo adoptó además unos emblemas y motes propios y originales. En las miniaturas de la biblioteca de los reyes napolitanos aparecen variados emblemas reales de compleja explicación, como las montañas diamantinas, los armiños, la telaraña, la madeja de oro, el nudo, la rueda, la cabellera, la planta espinosa, los carcajes, el martillo, etc. (Alcina Franch). Pero fueron sobre todo tres, por su marcado valor simbólico, los más significativos para Alfonso V: Las espigas de mijo, el sitial peligroso y el libro abierto –sobre el cual nos detendremos más en detalle–.

El haz de mijo solía venir asociado al mote latino “Non timebo milia populi”. Este lema se prestaba a un juego de palabras, ya que el numeral mil y mijo se escribían igual en latín: “No temeré el mijo del pueblo / no temeré a mil del pueblo”. El mijo, como cereal, era además símbolo de la incorruptibilidad y de la caridad.

El siti perillós –el sitial peligroso–, a veces incluso llameante, comenzaría a ser usado como emblema tras su entrada triunfal en Nápoles (26 febrero 1443) –plasmada en el relieve del arco de Castel Nuovo, obra de Francesco Laurana–, alegoría sin duda de la dificultad que le supuso su conquista. Hay quienes han visto en él la silla curul que precedía a los emperadores romanos en las entradas triunfales: “el imperio puede consumir al hombre en su propio orgullo, pues el triunfador era al fin y al cabo tan sólo un hombre” (Esteban Llorente, 2010). Pero también hay quien ve en el sitial reminiscencias de la leyenda artúrica, como “la silla reservada a quien, puro de corazón, lograra sentarse en ella, aún a riesgo de perder su vida, demostrando así estar destinado a encontrar el Santo Grial de la Última Cena” (Beltrán, 2008).

El libro abierto. Es imposible renunciar a la idea del libro como objeto preciado, parte integrante de un tesoro patrimonial y una expresión más del poder real. Así lo parece atestiguar el emblema del libro abierto y el lema “Liber sum” (Toscano, 2010). El libro evoca en latín (liber) un doble significado, esto es, “soy un libro”, pero también “soy libre”.

Nos relata Beccadelli il Panormita: “La divisa del rey es un libro abierto, para demostrar que a él le corresponden el saber y el conocimiento de las buenas artes y la ciencia, lo cual no se puede alcanzar sin leer, estudiar y amar los libros”. Dice igualmente: “En el fragor de las batallas, entre banderas y gallardetes sobresalía su insignia, que traía por divisa un libro abierto con la inscripción Vir sapiens dominabitur astris”. La leyenda inscrita en el libro parece remitir a un aforismo astrológico atribuido a Claudio Ptolomeo, que en la corte del Magnánimo venía a traducirse como  “el hombre sabio es capaz de decidir su propio destino”.

La citada divisa del libro y su correspondiente mote los hallamos también en las medallas de la Liberalitas Augusta, acuñadas en 1449 por Antonio di Puccio Pisano, Pisanello. -Merece la pena visualizar sus bocetos preliminares a tinta para medallas similares, reunidos en el Codex Vallardi (2306 r., 2307, 2486) del Museo del Louvre-. Estas medallas no eran sino ofrendas o regalos fácilmente transportables que el monarca entregaba a sus allegados. Por lo demás, el propio Alfonso era coleccionista de monetarios antiguos y, como los otros príncipes italianos de su época, apreciaba la rica medallística del pisano: Pisanello será admitido entre los “familiares” del rey, siendo además gratificado con una renta anual de 400 ducados (Toscano).

Pisanello. Medalla de la “Liberalitas Augusta” de Alfonso V, 1449 (M.A.N.)

Anverso: · DIVVS · ALPHONSVS · REX · / · TRIVMPHATOR · ET · / · PACIFICVS · Busto armado del rey de perfil a la derecha; a la izquierda una celada abierta con cimera de cresta solar y decorada con la divisa del libro abierto con el mote del “Vir sapiens dominabitur astris”; a la derecha del busto, una corona real y sobre ella · M · / · · C · C · C· C·, y debajo XLVIIII.

Reverso: LIBERA LITAS · / · AVGV STA ·. Un águila imperial, que al parecer acaba  de matar un corzo, invita a sus crías a que disfruten de  su presa. En exergo: PISANI PICTORIS · OPVS ·.

A Pisanello se le atribuye el redescubrimiento iconográfico y documental “quattrocentesco” de la tradición numismática romana. En el anverso de esta medalla el soberano se hizo representar armado, con los apelativos de divino, triunfante y pacífico. La celada con cimera solar y el libro con aforismo astrológico le venían a definir además como sabio y nuevo Apolo.

Esta misma medalla servirá de inspiración mucho más tarde (1557) al pintor Juan de Juanes para realizar su célebre retrato de Alfonso el Magnánimo (Museo de Zaragoza), y cuyo lienzo estuvo expuesto en la muestra Otras Miradas, organizada con motivo del Tricentenario de la Biblioteca Nacional de España.

Juan de Juanes. Alfonso V de Aragón, 1557. (Museo de Zaragoza)

Al rey Alfonso se le atribuyen las siguientes palabras: “los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer”. Este mismo sentido lo encontramos bajo la fórmula latina: “nec spe sine metu”, y ostentando por “pictura” unos libros, en Los emblemas morales de Juan de Borja (Praga, 1581), asociándose “a la lealtad del buen consejero, al que no guían más intereses que los de su señor, sin esperar premio ni temer castigo, algo tan difícil de lograr, que sólo puede hallarse en los consejeros muertos, es decir, en los libros”. (López Poza).

Como marca de propiedad e imagen de poder, las armas y divisas reales figuraban decorando los objetos más diversos: Desde la tienda de campaña del monarca “una tenda gran Real de cotonina la qual fou del Rey Alfonso ab divises de libres…”, a la gualdrapa de su caballo de guerra (BL Add MS 28962, f. 78 r.) pasando por instrumentos musicales, como cierto órgano “figurades les armes d`Aragó, li Siti perillós e lo libre…”, o, por supuesto, sus piezas de orfebrería, las cuales habría de empeñar para financiar la conquista de Nápoles. También aparecen sus armas y divisas en una galera de guerra “e tot l`enfront de la popa molt spes es ple de petits scuts d`armes d`Aragó et des libres…”. Y del mismo modo figuraban sus insignias en estandartes, como la veintena que el pintor valenciano Jacomart le decorara en 1447 (Español, 2002-2003).

Sus armas y divisas fueron reproducidas también en elementos constructivos, como las claves pétreas de la Gran Sala de Barones del Castel Nuovo de Nápoles (Serra Desfilis, 2008), o en las partidas de azulejos de Manises, encargadas al alarife Juan Al-Murci para solar sus fortalezas de Gaeta, Castel Nuovo y Valencia, y sus fundaciones monacales. Estas losetas y alfardones lucían esmaltados en azul cobalto los mills, llibres e títols”, los lemas reales referentes a la virtud necesaria para acometer y culminar la conquista de Nápoles: “Virtut apurar no’m fretura sola” (“No me faltará virtud hasta el final”), “Seguidores vencen” y el salmo “Dominus mihi adiutor et ego despreciam inimicos meos”: (“Sea el Señor en mi ayuda, y yo haré desprecio de mis enemigos”) (Coll Conesa, 2009).

Alfardón de Juan Al-Murci, S. XV, con las divisas reales de los “Mijos” y el “Libro”. (Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí)

El emblema del libro abierto en los manuscritos napolitanos

Para la elaboración de este capítulo hemos recurrido en buena medida a la extraordinaria biblioteca virtual del proyecto cooperativo de digitalización Europeana Regia (Europeana 2010-2012, BNF, BSB, BHUV, HAB, KBR) de la cual hemos extraído las  imágenes y extractos de descripciones catalográficas que articulan nuestro discurso.

Detalle de Leonardus Bruni Aretinus: Historia florentini populi (BNF MSS. Latin 5895) (1475, Biblioteca de Ferrante I de Aragón, rey de Nápoles)

La heráldica de los manuscritos de la biblioteca real de Nápoles ha sido de suma utilidad para su datación, pues contribuye a establecer las relaciones dinásticas entre las diversas casas nobiliarias, ejerciendo ante todo como signos de propiedad y verdaderos ejemplos de los gustos culturales de los reyes napolitanos (Alcina Franch).

Los escudos de armas reales figuraban en las miniaturas, generalmente en el margen inferior central de orlas vegetales, a menudo sostenidos por angelillos o niños desnudos. Por su parte, la emblemática real estaba representada en las citadas orlas humanísticas dentro de láureas y roleos dorados o de pedrería, pero también dentro de las letras capitales de los textos.

Destacamos a continuación las siguientes obras manuscritas de la biblioteca de los reyes napolitanos cuyos frontispicios lucen, entre otras, la divisa del libro abierto:

Marcus Junianus Justinus, Epitome Historiarum philippicarum Pompei Trogi (BNF, MS. Latin 4956)

Marcus Junianus Justinus , Epitome Historiarum philippicarum Pompei Trogi (BNF, MS. Latin 4956). Copiado por Jacobus Antonius Curlus e iluminado por Justin de París. Su bello frontispicio (Fol. 9 r.) está decorado con orla vegetal de “bianchi girari” rellena de querubines, ciervos, pavos reales y mariposas. En el friso superior, un ángel tenante de túnica azul sostiene las armas de Aragón. Sendas parejas de ángeles sostienen lacerías con las armas de Aragón-Sicilia -friso derecho-, y de Nápoles-Aragón –friso inferior-. La Inicial ”C” historiada representa al escritor Marco Juniano Justino leyendo en un atril bajo dosel. En los ángulos, lacerías con los emblemas reales: el libro abierto, el nudo de Salomón, el haz de mijo, el sitial ardiente y la jarra de lirios -emblema de la orden de la jarra de lirios, instaurada por Fernando de Antequera, padre de Alfonso V-. (Entre 1400-1458. Biblioteca de Alfonso V el Magnánimo).

Emilii Probi De excellentibus ducibus externarum gentium. Lattantii Firmiani versus de Phenice (BHUV Ms. 0765)

Emilii Probi De excellentibus ducibus externarum gentium. Lattantii Firmiani versus de Phenice (BHUV Ms. 0765). Este códice florentino transcribe la obra “Vitae excellentium imperatorum”, y las vidas de los autores latinos Atico, Catón y Virgilio, por Cornelio Nepote, y el poema “De ave phoenicea” de Lactancio. Decoración: En el fol. 4, frontispicio con decoración vegetal con aves, ciervos y mariposas,  emblemas reales –montañas diamantinas, nudo, libro abierto y cabellera– y, en la parte inferior, sendos “putti” flanqueando el escudo del Ducado de Calabria (En torno a 1472, Biblioteca de Alfonso de Aragón y Chiaromonte, Duque de Calabria).

Macrobii Theodo[sii] Saturnalior[um]; [Commentarii in Somnium Scipionis]. Pu[blii] Cornelii Scipionis africani Somnium (BHUV Ms. 0055)

Macrobii Theodo[sii] Saturnalior[um]; [Commentarii in Somnium Scipionis]. Pu[blii] Cornelii Scipionis africani Somnium (BHUV Ms. 0055). El códice transcribe los siete libros de las “Saturnales” de Macrobio, en los que se trata unitariamente temas muy diversos como el lujo, el baile, la embriaguez y otros temas. La figura fundamental es el personaje de Virgilio, considerado como un sabio, que es tratado en los libros 3-6.  El manuscrito contiene también los “Commentarii in Somnium Scipioni”, que eran la parte final del tratado político “De re publica” de Cicerón.  Decoración: Miniado por Cristoforo de Majorana, presenta una bella orla floral y figurada que contiene: ángeles, dragones, caracol, aves, serpiente con cabeza de mujer, emblemas reales –libro abierto, sitial ardiente, haz de mijo, madeja, telaraña, montañas de diamante–, y el escudo de los soberanos de Nápoles (En torno a 1472. Biblioteca de Alfonso de Aragón y Chiaromonte, Duque de Calabria).

Ioviani Pontani De obedientia; De príncipe (BHUV Ms. 0833)

Ioviani Pontani De obedientia; De príncipe (BHUV Ms. 0833). Este códice transcribe dos tratados de política de Giovanni Gioviano Pontano. El primero de los cuales, el “De obedientia” (f. 3 º-87r) está dedicado a Roberto Sanseverino, príncipe de Salerno, y el segundo, “De Principe” (f. 91r-107v), está dedicado a Alfonso, Duque de Calabria. Miniado por el napolitano Cristoforo Majorana, en el folio 3 presenta una orla con “bianchi girari”, en cuyos tondos aparecen representados la Justicia, la Templanza, Mercurio y Hércules, así como varios emblemas reales –el libro, el trono en llamas–. En la parte inferior, el escudo de Aragón-Calabria. (En torno a 1475. Biblioteca de Alfonso de Aragón y Chiaromonte, Duque de Calabria).

Beati Thomae de Aquino Ad regem Cypri de rege et regno (BHUV, Ms. 0840)

Beati Thomae de Aquino Ad regem Cypri de rege et regno (BHUV Ms. 0840). El códice transcribe la obra “Del reino y de los reyes de Chipre” de Santo Tomás de Aquino, quien escribió hasta el capítulo cuarto del libro segundo, donde empezó a escribir Ptolomeo de Lucca, quien la finalizó. Según De Marinis este manuscrito fue realizado por Jacopo da Fabriano para Isabel de Aragón, hija de Alfonso, duque de Calabria, y de Hipólita María Sforza, antes de sus bodas con el duque de Milán, Gian Galeazzo Sforza. Preciosa orla miniada en oro, con emblemas –sitial ardiente, libro abierto, mijo–, “putti” y santo Tomás sosteniendo, con la mano derecha, el escudo de los monarcas napolitanos, y con la izquierda, el blasón de la familia Sforza –cuarteles de águilas y serpientes, de cuyas bocas sale el hombre rojo-. La letra capital miniada representa al monarca entronizado, con globo y espada o cetro (En torno a 1486, Biblioteca de Ippolita Maria Sforza, Duquesa de Calabria).

L[ucii] Iunii Moderati Columellae rei rusticae (BHUV, Ms. 0054).

L[ucii] Iunii Moderati Columellae rei rusticae (BHUV Ms. 0054). El códice contiene los doce libros de la obra “De re rustica” y el “De arboribus” de Lucio Junio ​​Columela. Miniado en el taller de Francesco Antonio del Cherica, en el f. 4  figura la orla florida de tipo florentino en la que se disponen un cervatillo, niños y aves, así como emblemas reales: el monte de punta de diamante, el libro abierto, la planta de mijo, la telaraña, y escudo del Duque de Calabria sostenido por dos “putti”. (En torno a 1488. Biblioteca de Alfonso de Aragón y Chiaromonte, Duque de Calabria).

Como vemos, los libros de lujo de la biblioteca de los reyes napolitanos respondían a muy diversos estilos decorativos e iconográficos. Pasamos a comentar a continuación unos cuantos ejemplos correspondientes a la colección inicial de Alfonso V de Aragón:

Libro de Horas de Alfonso el Magnánimo. BL Add MS 28962. Fol. 78 r.
Libro de Horas de Alfonso el Magnánimo (1436-1443). BL Add MS 28962. Fol. 78 r. Alfonso al frente de sus fuerzas arremete contra un ejército sarraceno. -Detalle de la gualdrapa con el libro abierto-

En la línea del gótico internacional valenciano, destacamos un Salterio y libro de horas. (British Library,Ms. Add. 28962),  confeccionado e iluminado por Leonardo Crespi por encargo del confesor real, el cardenal dominico Joan de Casanova. Junto a los escudos de armas de Aragón, ubicados dentro de las iniciales miniadas, la divisa del libro abierto es representada aquí en la gualdrapa del caballo real arremetiendo contra un ejército musulmán (miniatura del fol. 78).

Una muestra de la miniatura milanesa del Quattrocento la encontramos en el ejemplar Franceschi Philelphi Satyrae hecatosticae (BHUV Ms. 0398). Este manuscrito fue ofrecido por el propio autor a Alfonso el Magnánimo, como atestiguan las miniaturas de su frontispicio (f. 2 º r.), en donde figuran: El escudo de armas real acompañado de la inscripción Alphonso regio optimo maximo”, la letra capital de comienzo del texto –en cuyo interior está representada la entrega del libro al rey, sentado en su sitial, de manos del propio autor– y, finalmente, en la orla florida inferior, las iniciales del autor -(Fr) y (Ph)- flanquean su blasón, inserto dentro de una corona vegetal.

Dentro de la miniatura napolitana es reseñable un Virgilio: [Publii Vergilii Maronis Opera: Bucolica ; Georgica ; Aeneis] (BHUV Ms. 837). Su primera hoja empieza directamente por el primer verso de las Bucólicas”, en el cual destaca la “T” inicial miniada. El frontispicio presenta una orla de bianchi girari” de tipo napolitano. En la parte inferior, sendas coronas de laurel aparecen en blanco –estarían destinadas a cobijar los emblemas de su futuro propietario–. En medio, una escena virgiliana, deteriorada por el paso del tiempo. Treinta y nueve miniaturas componen las ilustraciones de todo el códice, de las cuales once ocupan toda la hoja, destacando la que representa el pasaje de la recepción en el palacio de la reina Dido y la del caballo troyano. Los investigadores han detectado la intervención de tres miniaturistas como mínimo, advirtiéndose que sólo las primeras miniaturas llegaron a ser finalizadas.

Como ejemplo de manuscritos decorados conforme a modelos florentinos, un Séneca copiado por Pietro Ursuleo e iluminado por Matteo Felice: Séneca: De Questionibus naturalibus, De Remediis fortuitorum, Liber proverbiorum (BNF Ms. Latin 17842). El frontispicio está decorado  con una orla vegetal de “bianchi girari” en la que se alternan “putti”, liebres y aves. A su derecha, una láurea alberga el retrato de perfil del rey Alfonso con la leyenda “Alphonsus Rex Aragonum”, mientras que en la parte inferior de la orla se representa un escudo real en lacería flanqueado por sendos ángeles y pavos reales. La inicial “Q” historiada del título alberga a Séneca escribiendo en su estudio.

S. Beda venerabilis, Expositio in parabolas Salomonis; S. Beda venerabilis, Commentaria in Canticas canticorum (BNF MSS Latin 2347) (1470, Biblioteca de Ferrante I de Aragón, rey de Nápoles)

A inicios del siglo XVI la Biblioteca de los reyes aragoneses de Nápoles se dispersa víctima de la venta efectuada por Federico I de Aragón al cardenal George d’Amboise y de las incautaciones de Carlos VIII de Francia (BNF), pero también merced a las partidas patrimoniales traídas consigo a Valencia por Fernando de Aragón, Duque de Calabria (BHUV). Como vimos más arriba, buena parte de los fondos vuelven a estar reunidos en línea gracias al proyecto cooperativo Europeana Regia.

A modo de conclusión, tras el estudio de la iconografía heráldica y emblemática del Magnánimo, así como del tesoro documental que constituyó su Biblioteca Real Napolitana, hemos de reiterar, una vez más, la notable labor propagandística de sus patrocinados por ensalzar por igual su imagen de triunfal conquistador de Nápoles y de nuevo “rey sabio”.


Manuel Pérez Rodríguez-Aragón

Biblioteca Digital Hispánica

Bibliografía

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MENÉNDEZ Y PELAYO, Marcelino, “La corte de Alfonso V en Nápoles” en Obras completas de Menéndez y Pelayo: Estudios y discursos de crítica histórica y literaria: Poesía Lírica. Fundación Ignacio Larramendi [en línea]

MONTSERRAT MESANZA, Juan B. Alfonso V el Magnánimo, la imagen real. Zaragoza: El Justicia de Aragón, 1996.

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VILLALMANZANO, Jesús. Joanot Martorell: Biografía ilustrada y diplomatario. Valencia: Ajuntament de València, 1995 [pdf en línea].

La versión por epígrafes también ha sido publicada en el Blog de la BNE

El bibliómano revisitado

Los bibliómanos son tan antiguos y variopintos como la propia Historia del libro pero, haberlos haylos, que dan mucho juego…

“Vivía, no hace mucho tiempo, en una callejuela estrecha y umbría de Barcelona, uno de esos hombres de rostro demacrado, de mirada turbia y reconcentrada; personaje de condición satánica y desconcertante como aquellos a quienes daba vida, en sus desvaríos, Hoffmann, el autor de los célebres Cuentos fantásticos. Tal era Vicente, el librero.

"el librero asesino"Tenía nuestro hombre, treinta años, pero ya parecía viejo y rendido; alto de estatura, caminaba con la cabeza gacha, como un anciano. Tenía el pelo blanco y muy largo, las manos fuertes y nervudas, secas y llenas de arrugas, e iba miserablemente vestido, con rpa siempre andrajosa. Con su aire torpe, el paso dificultoso, las facciones inexpresivas, feo, triste e incluso insignificante, se le veía salir a la calle muy pocas veces. Únicamente salía de su guarida los días en que habia encante de libros raros o de otro modo curiosos. Entonces ya no era el mismo hombre indolente y receloso. Sus ojos se animaban, su rostro se llenaba de alegría, corría, trotaba, se mostraba impaciente y apenas conseguía disimular sus afanes, sus inquietudes, sus decepciones. Y regresaba a su casa jadeando, excitado, desconcertado, a contemplar a escondidas el libro que tanto había deseado obtener y entonces parecía querer devorarlo con la vista, acariciándolo como hace un avaro con su tesoro, un padre con su hija amada o un rey con la corona que teme perder” […]

(Ramón Miquel i Planas. La leyenda del librero asesino de Barcelona)

Así comienza La leyenda del librero asesino de Barcelona re-elaborada por el erudito y bibliófilo barcelonés Ramón Miquel i Planas y que, en la coqueta y reciente edición ilustrada de José J. de Olañeta, precede a Bibliomanía, versión a su vez que hiciera un joven Gustave Flaubert del relato gótico El bibliómano del escritor romántico Charles Nodier. De esta última obra extraemos aquí este epitafio burlesco:

Aquí yace
bajo su encuadernación en madera,
un ejemplar in-folio
de la mejor edición
del hombre.

Escrito en la prosa de la Edad de Oro
que ya no comprende nadie.
Hoy es, tan solo,
un libro viejo,
marchito,
defectuoso,
incompleto,
con la portada deshecha,
picado de polilla
y muy manchado de moho.

No es dable esperar para él
los honores tardíos
e inútiles
de la reimpresión.

(Charles Nodier, El bibliómano)

Si se desea profundizar en la bibliomanía (y el estrecho margen que la separa de la bibliofilia) recomendamos la lectura de la obra de Francisco Mendoza Díaz Maroto, La pasión por los libros: Un acercamiento a la bibliofilia (Espasa, 2006) si bien con cierta distancia.

“Este libro es mío” o Historia mínima del ex libris

Lectores tetrici …: Nil mihi vobiscum est: iste liber meus est.

Lectores severos… Nada tengo que ver con vosotros, este libro es mío…

Marco Valerio Marcial. Epigramas XI, III

No hace mucho nos hicimos eco en el mundillo bibliotecario acerca de las filias y fobias que afloran cuando organizamos nuestra biblioteca personal. Ahora bien, hay que ver lo que nos cuesta a veces prestar a amigos y conocidos nuestros libros más preciados o queridos, y es que todos tememos al abominable monstruo del  “préstamo sin retorno”. La forma más habitual para indicar que un libro “debe volver a casa” (Conforti, A. et al.) es la clásica anotación manuscrita de nuestro nombre en los preliminares. Sin embargo, los más celosos dejan su impronta personal por medio de un ex libris.

Los ex libris  son marcas de propiedad, ya sean estampas, etiquetas o sellos, que se colocan generalmente en el reverso de la cubierta de nuestros libros. Lo normal es que contengan la locución latina “Ex libris” (son menos frecuentes los “Soy de” o “Ex biblioteca”) seguida del nombre del dueño, a menudo con una ilustración personalizada y, más raramente, con una leyenda o lema que recoge un pensamiento o frase célebre de su gusto y que le definen (Delgado Casado, J.).  Una variante peculiar es el superlibris o supralibros, constituido por un escudo nobiliario o un monograma, que se estampaba ricamente dorado sobre las encuadernaciones de los libros antiguos. Sin llegar a perder su finalidad primaria como marca de propiedad, los ex libris han terminado por convertirse en una pequeña obra gráfica apta para enseñar, intercambiar y coleccionar.

Existen distintas formas de clasificación de los ex libris, ya sea por sus técnicas de reproducción, por la evolución histórico-estilística o por su diversidad temática. Las técnicas de ejecución varían desde la xilografía, el grabado a buril, el aguafuerte, calcografía, litografía, serigrafía, fotograbado o diseño infográfico, por lo que podemos afirmar que, a día de hoy, Photoshop y buril conviven y se complementan a la perfección para grabar sellos de caucho o goma (para profundizar más rogamos visitar sendos posts publicados en este mismo blog por Concepción Huidobro Salas). He aquí un video vídeo con las distintas técnicas.

Un poco de historia

Todos los estudiosos parecen coincidir en que el ex libris más antiguo  conocido es un ejemplar de cerámica esmaltada del faraón Amenofis III  (XVIII dinastía, XIV a.C.) y que sería empleado para marcar los estuches de rollos de papiro de su biblioteca. Ya en Mesopotamia, en las tablillas cuneiformes de la Biblioteca_de_Asurbanipal era usual encontrar a modo de colofón maldiciones e invectivas para combatir el robo y el vandalismo: “que la ira de Asur y Ninlil borren para siempre su nombre y su simiente de la tierra”, “que quien la robe (la tablilla) quede ciego/sordo” En bibliotecas monacales medievales italianas habremos de encontrar inscripciones manuscritas que exigen la devolución del libro con soflamas parecidas. Los libros de los monarcas del Medievo también tenían sus inscripciones de propiedad, siendo la inscripción ibérica más antigua una del rey Fruela_I_de_Asturias (757-768), documentada en un santoral ovetense con el texto “Froyliani principis liber”.

La Alemania de la 2ª mitad del XV es la cuna de la imprenta, y por lo tanto también del ex libris impreso. El más antiguo (1470) es el ejemplar “parlante” del capellán bávaro Hans Igler. Su grabado xilográfico representa  a un erizo (“Igel” en alemán significa erizo) coronado por una filacteria gótica con el juego de palabras: “Hanns Igler das dich ein igel kuss” (Hans Igler te da un beso de erizo)

Le sigue a la zaga el del monje Hildebrand Branderburg de Biberach (1480)  quien donase al monasterio cartujo de Buxheim cierto número de libros. Cada libro donado por él presenta grabado un ángel tenante con su escudo de armas coloreado a mano. Al lado de cada uno de sus ex libris el monje anotó además de qué libro se trataba.

La relevante escuela de grabadores alemanes de fines del siglo XV e inicios del XVI cuenta entre sus filas con artistas de la calidad de Alberto Durero (autor del primer ex libris con data en plancha), Lucas Cranach, Hans Burgkmair, Hans Holbein, Jost Amman, etc. Como era de esperar, elaboraron magníficos ex libris

Desde Alemania la imprenta se disemina rápidamente por Europa y de igual manera lo hacen los ex libris impresos. El primer ejemplar francés será el de Jean-Bertrand de la Tour Blanche (1529) mientras que el primero italiano es el parlante de Cesare Gambara, obispo de Tortona (1548).

Los Estilos

Del siglo XV al XVIII  el blasón heráldico es el protagonista indiscutible, ya que las bibliotecas particulares eran escasas y pertenecían generalmente a nobles y eclesiásticos. Su hegemonía temática irá siendo sustituida de forma muy paulatina por los motivos alegórico-simbólicos. Desde 1700 hacen aparición los paisajes y escenas de naturaleza idealizada. A partir de 1800 asistimos además a la afirmación de una pujante burguesía culta, poseedora de surtidas bibliotecas personales, y con unos gustos más variados y modernos. Tal es así, que el verdadero florecimiento artístico y coleccionista del ex libris tiene lugar con la irrupción del movimiento modernista y de sus distintas corrientes europeas (Art noveau, Liberty, Jugendstil) con artistas de la talla de los británicos del Art and Crafts, como Edward Burne-Jones  y Walter Crane (interesados en la vuelta a las primitivas técnicas de la imprenta artesanal xilográfica) y los marcados contrastes del blanco y negro con estética Secession de los vieneses Kolo_Moser, Gustav-Klimt. El gusto modernista dejará pronto paso a los Expresionismos, Futurismos y Surrealismos, todos los “ismos”, en fin, que nos llevan al “todo vale” contemporáneo.

Las temáticas

En la exlibriística existen tantos temas iconográficos como podamos imaginar, pero casi nunca son exclusivos, ya que a menudo distintos aspectos aparecen mezclados entre sí. Podemos encontramos pues con ex libris heráldicos, parlantes, animalísticos (la fortaleza del león, la lechuza sabia, la astucia de la serpiente, etc.), mitológicos, paisajísticos, arquitectónicos, de profesiones (paletas de pintor, balanzas judiciales, copas y serpientes de medicina y farmacopea), cervantinos, librarios, tipográficos, musicales, eróticos, macabros  (la vanitas, las jóvenes acechadas por esqueletos con clepsidras evocan la caducidad de la belleza y de la vida) y un largo etc.

El coleccionismo

Los coleccionistas de fines del XIX y 1ª mitad del XX tienen el mérito de llamar la atención sobre los ex libris como parte integrante del patrimonio cultural, pero son también responsables de que los libros puedan llegar a ser sistemáticamente mutilados cuando estampas y sellos se retiran sin ninguna consideración, privándonos así de un pedazo de la historia del libro (quiénes fueron sus propietarios o usuarios, sus posibles periplos, etc.)

En España el pionero del estudio de los ex libris (1875) es Mariano Pardo de Figueroa , conocido también por el sobrenombre de “Doctor Thebussem”, pero el impulso definitivo a la puesta en valor de los ex libris llega de la mano de la escuela catalana de artistas representada por  Alexandre_de_Riquer , Joaquim_Renart, Ramón Casals i Vernis y Josep_Triado y del bibliófilo Ramón Miquel i Planas, fundador de la Revista Ibérica de Ex libris (1903-1906)  Sobre estos autores y el exlibrismo en general, la Biblioteca de Cataluña ha puesto en línea una selecta exposición virtual.

Tras la Guerra Civil, la revista Saitabi de la Facultad de Filosofía y Letras de Valencia, dará origen a laAsociación de Exlibristas Ibéricos” que, bajo la dirección de José María Gutiérrez Ballesteros, Conde de Colombí, comienza publicar la revista Ex libris (1952)

Hasta aquí nuestra tímida incursión en el mundo de los ex libris. La pregunta que nos asalta a continuación es si vosotros, estimados lectores, marcáis vuestros libros cuando los adquirís, y si llegáis al punto de confeccionar vuestra propia “lista negra” de morosos o por el contrario, como el novelista Arturo Pérez-Reverte, consideráis una vanidad tener cualquier marca de propiedad en vuestros libros.

Bibliografía

–          ANGULO FERNÁNDEZ, Consuelo y MOLINA GUERRA, Mª Luisa: Catálogo de Ex Libris de Bibliotecas Españolas en la Biblioteca Nacional. Gabinete de Estampas y Bellas Artes. Ministerio de Cultura. Dirección General del Libro y Bibliotecas, 1989.

–          BOUZA, Antonio L. El ex-libris Tratado general: Su historia en la corona española. Madrid: Patrimonio Nacional, 1990.

–          CONFORTI, A., DIETRICH, A., CASTELLO, D.Ex libris: storia, stili, significati, tecniche, collezionismo. Milano: Mondadori, 2003

–          DELGADO CASADO, Juan. Los ex libris españoles. Valencia: Vicente García editores, 1996.

–          JOHNSON, Fridolf. A Treasury of Bookplates, from the Renaissance to the Present. Mineola: Dover Publications, 1977.

–          JUNOD, Benoit. The world of ex libris: A historical retrospective.

Enlaces de interés

–          DÍAZ, Arantza. Entrada sobre Ex libris en Absysnet.com

–          FERNÁNDEZ, Carlos. Entrada sobre Ex-libris publicada en Marcas de impresor. En ella nos habla del proyecto de diseño de ex libris de la Universidad de Salamanca y de los ex libris españoles digitalizados (algunos de la BNE) en Fortuna de España, exposición en línea del Centro Virtual Cervantes.

–          ROIG SANTOS, Carmen. “El arte del grabado en miniatura: la donación de ex libris de Dª Gloria Rokiski” en Folio Complutense: Noticias de la Biblioteca Histórica de la UCM. <http://www.ucm.es/BUCM/blogs/Foliocomplutense/3256.php> [Consulta 01/05/2011]

Manuel Pérez Rodríguez

Biblioteca Digital Hispánica

También publicado en el Blog de la BNE