“Bookshelf” de Alex Johnson

Bookshelf (librería) es el primer libro que toma la estantería de libros como tema central…

“En la era de los e-readers y las descargas, es refrescante dar con una celebración de los libros físicos. ‘Bookshelf‘ lo hace de manera pragmática en lugar de nostálgica, echando un vistazo a ejemplos de diseños ingeniosos, bellos y útiles de estantería moderna “- The Daily Telegraph

Desde el concepto de la estantería de los libros leídos o por leer, pasando por la librería multifunción (una unidad modular que se transforma en una mesa y dos sillas), Bookshelf presenta más de 200 estanterías creativas y experimentales a través de más de 300 ilustraciones a color.

El libro proporciona detalles especificos de cada estantería -incluyendo materiales y documentación- que, junto a los textos complementarios de Alex Johnson -autor y editor de ‘The Blog on the Bookshelf’- proporcionan una visión divertida sobre la historia de la librería, reflejando cómo una nueva generación de diseñadores ha reinventado un clásico.

• Introducción: Elogio de la librería
• I Librerías
• II Simples estantes
• III El mueble librario
• IV Estanterías inusuales
• V Las estanterías librarias como Arte
• VI Fuera de la caja
• VII Librerías de tamaño restringido

Fuente Thames and Hudson ed.

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Demasiada pasión por lo suyo

Todos nos dedicamos en mayor o menor medida a acumular, entre otros objetos preciados, libros, discos, películas y demás documentos de utilidad o divertimento. El problema llega cuando la afición, o bien deriva en trastorno (no confundir con el injustamente atribuido a Diógenes de Sinope) o, por infortunio, nos cuesta la propia vida. Dice el escritor y traductor francés Jacques Bonnet (Bibliotecas llenas de fantasmas, Anagrama, 2010):

[…] “Sólo la pared de mi dormitorio en la que se encuentra la cabecera de la cama ha quedado siempre libre [de libros] debido a un viejo trauma: me enteré, hace muchos años, de las circunstancias en las que murió el compositor Charles-Valentin Alkan, apodado el “Berlioz del piano”; lo encontraron muerto el 30 de marzo de 1888; aplastado por su biblioteca. Cada hermandad tiene su santo mártir y el mayor de los Alkan, pianista virtuoso admirado por Liszt y que heredó los alumnos de Chopin a su muerte, es sin duda el de los locos por las bibliotecas”.

Charles-Valentin Alkan

Por estos motivos, cuidadín con el cálculo de estructuras en estanterías porque la gravedad o la tontuna nos pueden pasar factura.

El bibliómano ignorante. Bibliotecas de aparato en la antigua Roma.

Leemos en la cubierta de la buenísima edición de Errata naturae : “En El bibliómano ignorante, Luciano dirige sus feroces e hilarantes acometidas contra un famoso personaje de la época: un hombre rico, aficionado a los jovencitos y los chaperos, que engrosa cada día su biblioteca con nuevos libros -que nunca lee- con la esperanza de mejorar así su imagen y posición social”:

“DE VERDAD QUE LO QUE estás consiguiendo es lo contrario de lo que quieres. Tú crees que por comprar compulsivamente los mejores libros vas a parecer una persona con cultura, pero el asunto se te escapa de las manos y, en cierto modo, se convierte en una prueba de tu incultura. Es más, ni siquiera compras los mejores, sino que confías en cualquiera que se ponga a elogiarlos y eres un chollo para quienes mienten sobre tales libros y un tesoro a punto para los que comercian con ellos. Porque ¿cómo ibas a poder distinguir cuáles son viejos y muy costosos de los que son malos y además están envejecidos? ¿O es que puedes reconocer en qué medida están devorados y destrozados tomando a los gusanos como consejeros en el examen? Ya que de lo certeros o equívocos que sean sus contenidos, ¿qué forma de diagnóstico tienes?”

(Luciano de Samósata. El bibliómano ignorante)

En la antigüedad romana pocos fueron los ricos o los miembros distinguidos de las profesiones liberales que no poseyeran una biblioteca privada de más o menos dimensiones. De hecho, la moda de alardear de biblioteca llegó a irritar al mismísimo Petronio, que en su Satiricón muestra a Trimalción -liberto enriquecido aunque igualmente ignorante-  presumiendo de sus numerosos libros, y aún más a Séneca, que en su ensayo De tranquillitate animi arremete contra los ricos romanos que llenaban sus viviendas de libros que no leían:

“El gasto en los estudios, que es el mejor de todos, sólo es razonable dentro de ciertos límites. ¿Qué utilidad tienen esos innumerables libros y bibliotecas de los que sus dueños a duras penas pueden leer en toda su vida los títulos?  El excesivo número no instruye, antes bien supone una carga para el que trata de aprender y es mejor entregarse a unos pocos autores que perderse entre muchos.  Sucede con muchas personas ignorantes de lo más elemental que tienen los libros para adornar sus comedores, en vez de como medios para aprender.  Ténganse los libros necesarios, pero ni uno solo para exhibición.  Claro que se puede decir que es preferible gastarse el dinero en libros que en vasijas corintias o en cuadros.  Siempre es malo cualquier exceso. ¿Por qué disculpar al que desea estanterías de madera rica y marfil, al que busca las obras de autores desconocidos y no buenos y al que bosteza entre tantos miles de libros porque le agrada muchísimo ver los lomos y los títulos de su propiedad?  Verás en las casas de los más perezosos las estanterías llenas hasta el techo con todas las obras de los oradores y de los historiadores. Pues hoy, como las termas, la biblioteca se considera un ornamento necesario de la casa.  Todo ello se podría perdonar si se debiera a un gran amor a los estudios, mas, realmente, estas colecciones de las obras de los más ilustres autores con sus retratos se destinan para el embellecimiento de las paredes.”

(Séneca. De tranquillitate animi)

Para ilustrar esta entrada enlazamos el episodio Reign of terror  [min. 28:15 aprox.] de la magnífica serie televisiva Yo, Claudio -basada en la novela homónima del gran Robert Graves– que recrea de forma genial cómo funcionaba una taberna libraria, cuando un bibliopola y sus servii literatii reciben la agitada visita del tartamudo -pero profundamente culto- futuro emperador Claudio (Derek Jacobi).

Bibliografía

CAVALLO, Giugelmo y Chantier, Roger (dirs.). Historia de la lectura en el mundo occidental. Madrid, Taurus, 2003.

Manuel Pérez Rodríguez-Aragón

El bibliómano revisitado

Los bibliómanos son tan antiguos y variopintos como la propia Historia del libro pero, haberlos haylos, que dan mucho juego…

“Vivía, no hace mucho tiempo, en una callejuela estrecha y umbría de Barcelona, uno de esos hombres de rostro demacrado, de mirada turbia y reconcentrada; personaje de condición satánica y desconcertante como aquellos a quienes daba vida, en sus desvaríos, Hoffmann, el autor de los célebres Cuentos fantásticos. Tal era Vicente, el librero.

"el librero asesino"Tenía nuestro hombre, treinta años, pero ya parecía viejo y rendido; alto de estatura, caminaba con la cabeza gacha, como un anciano. Tenía el pelo blanco y muy largo, las manos fuertes y nervudas, secas y llenas de arrugas, e iba miserablemente vestido, con rpa siempre andrajosa. Con su aire torpe, el paso dificultoso, las facciones inexpresivas, feo, triste e incluso insignificante, se le veía salir a la calle muy pocas veces. Únicamente salía de su guarida los días en que habia encante de libros raros o de otro modo curiosos. Entonces ya no era el mismo hombre indolente y receloso. Sus ojos se animaban, su rostro se llenaba de alegría, corría, trotaba, se mostraba impaciente y apenas conseguía disimular sus afanes, sus inquietudes, sus decepciones. Y regresaba a su casa jadeando, excitado, desconcertado, a contemplar a escondidas el libro que tanto había deseado obtener y entonces parecía querer devorarlo con la vista, acariciándolo como hace un avaro con su tesoro, un padre con su hija amada o un rey con la corona que teme perder” […]

(Ramón Miquel i Planas. La leyenda del librero asesino de Barcelona)

Así comienza La leyenda del librero asesino de Barcelona re-elaborada por el erudito y bibliófilo barcelonés Ramón Miquel i Planas y que, en la coqueta y reciente edición ilustrada de José J. de Olañeta, precede a Bibliomanía, versión a su vez que hiciera un joven Gustave Flaubert del relato gótico El bibliómano del escritor romántico Charles Nodier. De esta última obra extraemos aquí este epitafio burlesco:

Aquí yace
bajo su encuadernación en madera,
un ejemplar in-folio
de la mejor edición
del hombre.

Escrito en la prosa de la Edad de Oro
que ya no comprende nadie.
Hoy es, tan solo,
un libro viejo,
marchito,
defectuoso,
incompleto,
con la portada deshecha,
picado de polilla
y muy manchado de moho.

No es dable esperar para él
los honores tardíos
e inútiles
de la reimpresión.

(Charles Nodier, El bibliómano)

Si se desea profundizar en la bibliomanía (y el estrecho margen que la separa de la bibliofilia) recomendamos la lectura de la obra de Francisco Mendoza Díaz Maroto, La pasión por los libros: Un acercamiento a la bibliofilia (Espasa, 2006) si bien con cierta distancia.